Este 8 de abril se cumple un año del colapso del techo de la discoteca Jet Set, el suceso ocurrido la madrugada del 8 de abril de 2025 en Santo Domingo, durante una presentación del merenguero Rubby Pérez.
La noche que consternó al mundo, así quedó registrado ese día para la historia, una noche de música que terminó en una de las tragedias más impactantes de República Dominicana, dejando 236 personas fallecidas y al menos 180 sobrevivientes rescatados. El hecho marcó profundamente al género del merengue, la farándula y la sociedad dominicana, abriendo un capítulo de dolor, incertidumbre y posteriores procesos judiciales que aún continúan en desarrollo.
La madrugada en que el Jet Set colapsó
Los primeros minutos tras el derrumbe estuvieron marcados por la confusión absoluta. Gritos de auxilio se mezclaban con el sonido de sirenas que comenzaban a acercarse al lugar. El polvo cubría el ambiente mientras algunos asistentes lograban salir por sus propios medios, desorientados, cubiertos de escombros y sin entender lo ocurrido. Otros quedaron atrapados entre los restos de la estructura colapsada.
El lugar se convirtió rápidamente en un punto de encuentro caótico, donde la incertidumbre y la desesperación por saber de un ser querido era lo principal, pero el caos era tal que no las autoridades podían identificar a nadie.
El caos se transforma en vigilia y búsqueda
Con el paso de las horas, el entorno exterior del Jet Set se convirtió en una vigilia improvisada. Nombres se repetían una y otra vez, teléfonos no dejaban de sonar y las listas de sobrevivientes se revisaban sin descanso. La incertidumbre se instaló como la primera gran herida colectiva.
Mientras tanto, en el interior del colapso, los equipos de rescate trabajaban sin pausa entre los escombros. La operación avanzaba en medio de un silencio tenso, roto únicamente por órdenes, herramientas y llamados de auxilio. Cada hallazgo definía el pulso emocional de la jornada.
Cada persona rescatada con vida generaba alivio inmediato. Cada cuerpo recuperado profundizaba el dolor de quienes esperaban afuera.
Rescate entre escombros y esperanza frágil
Las labores de rescate se extendieron durante horas intensas. Los equipos de emergencia avanzaban entre estructuras inestables, buscando sobrevivientes en condiciones extremadamente difíciles.
El ambiente cambió con el paso del tiempo: del caos inicial se pasó a un silencio pesado, donde la esperanza se sostenía con fragilidad. La escena se convirtió en una lucha constante entre la vida y la pérdida, mientras los rescatistas continuaban sin detenerse.
Hospitales, listas improvisadas y la espera desesperante
Los hospitales comenzaron a recibir a los heridos desde las primeras horas posteriores al derrumbe. En sus alrededores se formaron filas de familiares que buscaban información, revisaban listas escritas a mano y esperaban llamadas que muchas veces no llegaban.
La incertidumbre se extendió también al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), donde desde pasadas las cinco de la tarde se concentraron los trabajos de identificación de víctimas. Afuera del organismo se vivieron escenas desgarradoras: llanto, desesperación, abrazos y silencio. Equipos de apoyo psicosocial intentaban contener emocionalmente a los familiares, mientras la identificación de cuerpos avanzaba lentamente.
El proceso de identificación y el paso al duelo
Días después del colapso, el dolor tomó una forma más concreta: el reconocimiento de los fallecidos. Para muchas familias, retirar los cuerpos se convirtió en un proceso tan doloroso como necesario.
Entre trámites, largas esperas y confirmaciones oficiales, la incertidumbre se transformó en duelo. Lo que antes era esperanza se convirtió en despedida, en medio de un ambiente marcado por el impacto emocional del desastre.
Rubby Pérez en el centro de la tragedia
El colapso ocurrió mientras Rubby Pérez se encontraba en plena presentación. Su presencia en el escenario convirtió el hecho en un impacto aún mayor dentro del mundo del merengue.
En las primeras horas circularon versiones de que el artista había sido encontrado con vida entre los escombros. Una de sus hijas aseguró inicialmente que su padre estaba herido pero con vida, e incluso que habría intentado cantar para ser localizado. Zulinka también estuvo en la discoteca en el momento del suceso, pero logró salir con vida gracias a la ayuda de su esposo, quién también era integrante de la orquesta.
Sin embargo, esta información fue posteriormente desmentida. El mánager del artista y la familia confirmaron que se trataba de un rumor que generó esperanza primero y dolor después.
Rubby Pérez, cuyo nombre real era Roberto Antonio Pérez Herrera, fue hallado sin vida tras quedar atrapado en el colapso. Reconocido como “la voz más alta del merengue”, estudió música en el Conservatorio Nacional de Santo Domingo, integró la orquesta de Wilfrido Vargas en los años 80 y debutó como solista en 1987. A lo largo de su carrera lanzó 13 álbumes con éxitos como “Buscando tus besos”, “Enamorado de ella” y “Tonto corazón”, además de recibir múltiples reconocimientos en República Dominicana.
Otras víctimas del colapso en Jet Set
Entre las víctimas mortales también se confirmó la muerte del saxofonista Luis Emilio Solís Encarnación, integrante de la banda que acompañaba la presentación.
En el ámbito deportivo, falleció el exbeisbolista Octavio Dotel, quien jugó en Grandes Ligas entre 1999 y 2014, vistiendo 13 equipos distintos. Fue campeón de la Serie Mundial con los Cardenales de San Luis en 2011 y con los Tigres de Detroit en 2012. Tras su retiro, se dedicó a entrenar jóvenes en Santo Domingo.
También perdió la vida el exjugador Tony Blanco Cabrera, quien debutó en la MLB con los Nacionales de Washington en 2005 y luego desarrolló una carrera destacada en Japón con cerca de 180 cuadrangulares.
En el mundo del diseño, el creador de moda Martín Polanco también figura entre los fallecidos. Reconocido por vestir figuras internacionales como Daddy Yankee y por su vínculo con personalidades políticas dominicanas.
La tragedia que también alcanzó a la justicia
Meses después del derrumbe, el caso dio un giro judicial con la orden de arresto contra los propietarios del establecimiento, Antonio Espaillat y Maribel Espaillat. El Ministerio Público los vinculó a una presunta negligencia relacionada con el mantenimiento del local.
Entre las evidencias presentadas se incluyeron mensajes de empleados que advertían sobre problemas en el techo de la discoteca, los cuales habrían sido recibidos antes del colapso.
La investigación también señala presuntos intentos de intimidación o manipulación de testigos, además de la supuesta omisión de trabajos estructurales que pudieron evitar el desplome.
Un proceso judicial que continúa un año después
A pocos días de cumplirse el primer aniversario de la tragedia, el proceso judicial sigue abierto. El juez del Primer Juzgado de Instrucción del Distrito Nacional autorizó un nuevo peritaje solicitado por la defensa de los hermanos Espaillat, con el objetivo de determinar nuevamente el origen del colapso del techo.
El tribunal ha insistido en evitar retrasos innecesarios y ha ordenado este lunes 6 de abril el avance del proceso con la presentación formal de cargos por parte del Ministerio Público. Durante las audiencias, el juez ha subrayado la necesidad de garantizar tanto el derecho de defensa como la celeridad del caso.
Los representantes de las víctimas han rechazado que se limite el análisis técnico, al considerar que la investigación debe abarcar toda la estructura del local y sus condiciones operativas.
Más de 180 víctimas o familiares han desistido de continuar en el proceso penal, mientras otros mantienen sus acciones judiciales en curso.
La madrugada del 8 de abril de 2025 marcó un antes y un después en la historia del entretenimiento dominicano. Un año después, entre procesos judiciales, peritajes y testimonios, el caso sigue abierto, mientras el recuerdo de aquella madrugada permanece como una herida colectiva en la memoria del país.
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